
Por Susana Espósito, Gobernadora del Distrito 4895
La amistad fue el cimiento sobre el cual se fundó Rotary y hoy más de un siglo después, esa amistad sigue siendo nuestro motor.
En Rotary, la amistad no es solo un valor, es el alma que une nuestros corazones en un mismo propósito, es ese lazo invisible que se teje en cada reunión, en cada proyecto compartido, en cada gesto solidario que nos acerca a los demás.
Y esto es indudable ya que el día internacional del amigo nació gracias al rotario argentino, Enrique Ernesto Febbraro, quien inspirándose en los valores de Rotary, promovió esta celebración como un puente de amistad entre los pueblos.
La amistad rotaria nace de la confianza, del respeto mutuo, de saber que no estamos solos en el camino, que hay manos tendidas y corazones dispuestos a acompañarnos.
Cuando en un club rotario florece la amistad, todo cambia, se trabaja con entusiasmo, con alegría, con compromiso genuino, porque no se trata solo de hacer, sino de hacer juntos.
La amistad convierte a un grupo de personas en una familia extendida, que se escucha, se cuida y se impulsa mutuamente y esa fuerza interna, que nace del cariño y la fraternidad, se proyecta hacia la comunidad con un impacto aún mayor.
En los momentos difíciles, la amistad sostiene, en los momentos de logro, la amistad celebra y en los momentos cotidianos, esa amistad da sentido a cada acción, recordándonos que servir es también una forma de amar.
En Rotary la amistad es un faro que nos guía, nos invita a mirar al otro con empatía, a compartir nuestras fortalezas, a tender puentes, es, sin duda, el cimiento sobre el cual construimos proyectos transformadores, porque el servicio más efectivo nace del trabajo en equipo, del respeto mutuo y del afecto genuino.
La amistad nos fortalece, nos enriquece como personas y nos impulsa a seguir sirviendo, con pasión, con compromiso y con el corazón abierto, siempre “Unidos para hacer el bien.”!